Al ver las hojas moverse con el ritmo del viento, da la sensación de tranquilidad, serenidad, que al mezclarse, se introducen en mi cuerpo como un escalofrío. Sin embargo me sigo sintiendo en el mismo lugar. Los minutos pasan y yo sigo mirando las hojas bailar…
Las manillas del reloj giran en la misma posición de hace una semana, un día, hoy y mañana… empiezo a sentir lo mismo; sentirme igual. La misma inquietud vuelve a la misma hora igual que todos los días.
Los carros pasan de un lado a otro, las personas actúan normal como si nada fuese diferente o peor aún como si todo estuviese bien. Yo tal vez sin querer actúo como ellos, fingiendo sentirme bien aunque no sea así y no lo esté. Todos los días ya los he vivido. Todo me parece igual a lo de ayer.
Un par de locos enamorados, que se quieren comer a besos capturan mi atención… parece que para ellos el mundo gira de lado contrario al nuestro o simplemente ellos son normales y nosotros actuamos como locos. “Vivir cada minuto sin importar el mañana”, es una frase que no todos ponemos en practica o simplemente no sabemos aplicar en nuestras vidas. ¿Por qué no ser un loco? Sí, locos por hacer las cosas sin importarnos el mañana, sin importar el que dirán, sin importar nada. ¿Por qué no ser viajeros de nuevas experiencias?
